España necesita urgentemente un cambio de chip, abandonar su cultura del asistencialismo, del presencialismo improductivo, y apostar por la productividad y el mérito
Ayer fui al cine con mi esposa, un poco receloso, lo reconozco. Había leído las críticas de Gladiator II y no eran precisamente halagüeñas.
En una conversación con Asimov, seguramente tocaríamos temas sobre la responsabilidad ética de los desarrolladores…
Imaginemos por un momento que Elon Musk hubiera nacido en Europa y, más concretamente, en España.
Europa, ese viejo continente que tanto ha aportado a la historia y la cultura, parece haberse alojado peligrosamente en su propia comodidad.
Europe, nuestra querida casa común, está en una encrucijada histórica. Tenemos grandes desafíos, pero también un potencial inmenso.
La brecha digital entre Oriente y Occidente se está ampliando, y la excesiva regulación en Europa está contribuyendo a esta disparidad.
El uso torticero de la robótica y la IA para meter miedo a los ciudadanos del mundo es una práctica preocupante que necesita ser abordada con escepticismo científico.
Imaginarme frente a Carl Sagan, el gran divulgador que nos hizo mirar al cosmos con asombro y humildad, ya me emociona.
Al final del día, el pueblo americano hará lo que siempre ha hecho: sobrevivir, adaptarse y salir más fuerte.









