Aquí no se trata de sustituir a nadie. Se trata de quién sabe surfear la ola y quién está mirando el mar con cara de susto.
A veces me pregunto si el problema no es que el sistema educativo haya ido para atrás, sino que directamente haya entrado en combustión espontánea.
Una persona hablaba con absoluta claridad sobre dos tipos de seres humanos: las moscas y las abejas. Y pensé: “Ya está, aquí hay una gran verdad que vale la pena rescatar».
El tiempo pasa y se va, sin pedir permiso y sin dar explicaciones. ¿No es acaso el tiempo el gran domador, el invisible jinete que nos arrea con el látigo de los días, las horas y los minutos?
Si no cambiamos el modelo educativo ya, no tendremos una generación perdida; tendremos millones de cerebros perfectamente domesticados, formados para obedecer, no para transformar.
Para todos esos iluminados del LinkedIn, los profetas del coaching de saldo, los gurús del consejo fácil y los licenciados en nada pero expertos en todo… aquí va, con todo el cariño y un poquito de vinagre gallego, nuestro humilde decálogo.
Si te odian sin conocerte, enhorabuena: vas por buen camino. Puede que aún no lo sepas, pero esa gente que te observa con suspicacia, que cuchichea cuando pasas o que se alía con otros para criticarte, no lo hace porque seas malo.
La BBC ha publicado hace unas semanas un artículo interesante titulado “IA: 4 preguntas que debemos hacernos antes de usar cualquier herramienta de inteligencia artificial”
Cada día tengo más claro que la clave de una buena comunicación no es decir lo que tú quieres, sino cómo lo necesita el que tienes delante.
¿Te acuerdas de Kalimero? Ese pollito de dibujos animados con la mitad del cascarón aún encasquetado en la cabeza, que iba por el mundo lamentándose con su vocecita de pena.









