Escribo este post desde un foro muy adecuado, me encuentro en el IoT Solutions World Congress de Barcelona, un salón monográfico orientado al Internet de las Cosas. El mundo del IoT supondrá una enorme oportunidad para hacer negocios.
Lituania es un país en el que desde hace años se ha desarrollado de manera vertiginosa el mercado de la tecnología. Escribo estas líneas desde allí, para contaros las impresiones sobre la sociedad y las empresas de este país bálticos que otrora perteneció a la URSS.
La tecnología en las empresas no tiene sentido si no contribuye a mejorar su competitividad. Y para ser competitivos hay que ser capaces de medir la producción, siempre con datos fríos, y cuanto mayor sea el tamaño de muestra, mejor para la empresa.
España aparece en los últimos puestos en algo que hace que los países tiren fuertemente para delante: se trata del nivel de tecnologización que poseen las empresas, y esto es una cuestión de competitividad. ¿Qué repercusiones tiene esa escasa apuesta por la tecnología?
Como suele ocurrir, los prejuicios suelen jugarnos malas pasadas. Generalmente nos hacemos una imagen en la distancia absolutamente errónea de muchos de los países que no hemos visitado y Bielorrusia no iba a ser la excepción.
En el sector tecnológico los errores se pagan muy caros, con la desaparición o el ostracismo. Esta historia tiene por protagonista a una empresa del sector de las telecomunicaciones campaba a sus anchas en el mercado.
Independientemente de nuestro credo, fe o religión y sabiendo, que para nada son incompatibles con la ciencia, hoy en día el camino de la verdad es el camino de la tecnología.
En el tema futbolístico, tan de moda estos días por el Mundial de Rusia, los protocolos de seguridad son muy distintos a los de antaño, más rígidos y dotados de tecnologías de videovigilancia y sensorización.
Otro tema bien diferente es el de aprender a ser empresario, en esto no hay universidades ni escuelas técnicas, ni formación profesional que valga. El empresario nace, crece y se reproduce a pecho descubierto, con la empírica como fuente de sabiduría.
Hay personas que defienden que hay que gastar lo menos posible, pero mucha gente mantiene que lo barato sale caro. En el mundo tecnológico, ninguna de estas maneras de verlo es la adecuada. La virtud está en el equilibrio.








