Europe, nuestra querida casa común, está en una encrucijada histórica. Tenemos grandes desafíos, pero también un potencial inmenso.
La brecha digital entre Oriente y Occidente se está ampliando, y la excesiva regulación en Europa está contribuyendo a esta disparidad.
El uso torticero de la robótica y la IA para meter miedo a los ciudadanos del mundo es una práctica preocupante que necesita ser abordada con escepticismo científico.
Imaginarme frente a Carl Sagan, el gran divulgador que nos hizo mirar al cosmos con asombro y humildad, ya me emociona.
Al final del día, el pueblo americano hará lo que siempre ha hecho: sobrevivir, adaptarse y salir más fuerte.
Y mientras tanto, esos mismos, en su esquina digital, seguirán criticando sin levantar un dedo para ayudar. Ni donarán un euro, ni construirán nada valioso, ni aportarán más que ruido.
Las limitaciones que encontramos en nuestras empresas y proyectos no son solo un problema a resolver, sino una puerta abierta a la mejora
Si pudiese tener frente a mí a Steve Jobs, una de las mentes más influyentes y complejas del siglo XX, sé exactamente lo que le preguntaría
A los 35 años, Luis se encontraba en la cúspide de su carrera. Su vida giraba en torno al trabajo, dedicando el 80% del tiempo a su empresa.
Imaginemos que pudimos sentarme a conversar con uno de los grandes visionarios de todos los tiempos: Nikola Tesla.









