Hace unos días leía en prensa un artículo de Ernesto S. Pombo titulado “Unos gárrulos deciden nuestras vidas”.
Cada vez que aparece una infraestructura tecnológica nueva, potente y masiva, aparece inmediatamente un relato catastrofista
Los sistemas de navegación que usamos hoy —GPS, Galileo, BeiDou o GLONASS— funcionan con satélites situados a unos 20.000 kilómetros de altura.
La Stellantis Vigo Plant no es una fábrica más. Es uno de los pilares industriales de Galicia. Miles de empleos directos, decenas de miles indirectos.
Mientras Europa presume de tapones cosidos, China conquista el mercado global del coche eléctrico. No es un despiste.
China es un depredador económico que afila sus dientes, Europa sigue cultivando su huerto de confort y EE UU está cada vez más polarizado.
China ha encendido todas las alarmas tecnológicas y estratégicas del siglo XXI. Y lo ha hecho sin disparar balas. Literalmente.
Hay un fenómeno que ya tiene nombre y apellido: HIPOGRESÍA, la hipocresía de quienes se dicen progresistas y modernos.
Antes de nada, un aviso a mis queridos followers: Sí, voy a hablar otra vez de los tapones. Pero tranquilos, que esta vez hay sangre.
El problema no es que se vendan coches chinos. El problema es que ya no se fabrican los europeos. Europa no lidera. Europa distribuye.









