Mientras Europa sigue sacando pecho por ser la cuna de la civilización moderna, el resto del planeta ya está jugando otra liga.
Somos el único país de Europa que presume de no tener centrales nucleares ni ciclos combinados en activo… y al mismo tiempo se ve obligado a comprar electricidad producida con esas tecnologías.
Chery, la marca china ya monta coches en la antigua planta de Nissan en Barcelona. Pero eso es solo el tráiler.
Trump se ha descolgado con una de las mayores políticas proteccionistas desde la Gran Depresión.
No necesitamos kits de emergencia; necesitamos líderes con sentido común, políticas serias y, sobre todo, respeto a la inteligencia de sus ciudadanos.
Europa está enferma. Enferma de buenismo, de superioridad moral hueca, de “buenrrollismo” institucional, de esa fantasía absurda del “Estado del Bienestar eterno” sin esfuerzo ni sacrificio.
Mientras China domina la industria, Rusia controla la energía y EE.UU. ostenta la seguridad global, Europa observa, dubitativa
O construyes tu propio imperio o te toca someterte a uno. Y Europa, en su infinita ingenuidad, parece haber olvidado esta verdad fundamental.
La perspectiva que me da ser hijo de emigrantes me lleva a reflexionar sobre temas como el Brexit y el independentismo catalán y vasco.
La industria automovilística europea, otrora líder indiscutible durante décadas, se encuentra en una encrucijada crítica.









