Trump se ha descolgado con una de las mayores políticas proteccionistas desde la Gran Depresión.
No necesitamos kits de emergencia; necesitamos líderes con sentido común, políticas serias y, sobre todo, respeto a la inteligencia de sus ciudadanos.
Europa está enferma. Enferma de buenismo, de superioridad moral hueca, de “buenrrollismo” institucional, de esa fantasía absurda del “Estado del Bienestar eterno” sin esfuerzo ni sacrificio.
Mientras China domina la industria, Rusia controla la energía y EE.UU. ostenta la seguridad global, Europa observa, dubitativa
O construyes tu propio imperio o te toca someterte a uno. Y Europa, en su infinita ingenuidad, parece haber olvidado esta verdad fundamental.
La perspectiva que me da ser hijo de emigrantes me lleva a reflexionar sobre temas como el Brexit y el independentismo catalán y vasco.
La industria automovilística europea, otrora líder indiscutible durante décadas, se encuentra en una encrucijada crítica.
Durante décadas, la Unión Europea se ha movido entre la sumisión a los intereses de Estados Unidos y la necesidad de mantener relaciones comerciales con China, sin forjar una estrategia propia ni consolidar una autonomía económica efectiva.
Cuando uno escucha que Xiaomi ha conseguido construir una fábrica capaz de ensamblar un coche eléctrico cada 76 segundos sin apenas intervención humana, el asombro inicial se mezcla rápidamente con una inquietud difícil de ignorar.
Imaginemos por un momento que Elon Musk hubiera nacido en Europa y, más concretamente, en España.









