¿De qué sirve tener una empresa si no tienes la energía para disfrutarla? ¿De qué sirve ser “exitoso” si estás enfermo, agotado o limitado?
Aquí me tenéis, en mi rincón de casa un sábado cualquiera, acabando de leer “SaludableMente” de Marcos Vázquez.
La mayoría de las veces los empresarios fallamos no por falta de ideas, sino por querer abarcarlo todo de golpe, sin método ni orden.
En los años 90 y hasta bien entrado 2008, ser visitador médico era sinónimo de ganar mucha pasta.
Un empresario gallego me enseñó que en los negocios no hay lugar para los todólogos. «Zapatero a tus zapatos» es una lección de humildad y enfoque que todo emprendedor debería recordar.
Un decálogo práctico para que autónomos y emprendedores encuentren propósito y sentido en su negocio a través del ikigai.
En la empresa, los refranes también mandan. Tolerar empleados tóxicos es un error que destruye equipos, cultura y resultados. La clave está en detectar a tiempo, actuar con firmeza y elegir siempre el talento leal frente a la toxicidad.
Las ideas por sí solas no pagan facturas ni conquistan clientes. La verdadera diferencia entre soñar con oportunidades y convertirlas en negocio está en la ejecución. Porque en la mar hay peces… pero lo que cuenta es lo que llevas a bordo.
Hemos pasado de admirar a empresarios que levantaban fábricas a idolatrar a tipos que se graban desde un Lamborghini alquilado.
Un guiño sarcástico al refrán clásico para hablar de lo que significa realmente ser empresario: madrugar, esforzarse y trabajar más que nadie para moldear el negocio.









