Cuando analizamos el éxito o el fracaso de las empresas, la tecnología ha tenido un papel protagonista en la película de su desarrollo económico. He visto nacer, crecer, reproducirse y morir empresas; y la tecnología ha estado detrás de todos esos procesos.
Hace falta valentía para enfrentarse a los tiempos que corren. España tiene que competir con países que tienen un sistema formativo mejor y que disponen un caldo de cultivo para investigar y emprender más adecuado.
Los bancos en general se han convertido en entes financieras sin alma donde la asignación de cualquier tipo de operación que entrañe el más mínimo riesgo la realiza una computadora, seguramente atendiendo únicamente a datos de solvencia.
Cuando un pequeño empresario comienza a tener un cierto grado de éxito, en muchos casos, su cabeza, le hace elucubrar nuevos negocios potenciales en sectores que desconoce y sobre todo se salen de su ‘corebusiness’.
España aparece en los últimos puestos en algo que hace que los países tiren fuertemente para delante: se trata del nivel de tecnologización que poseen las empresas, y esto es una cuestión de competitividad. ¿Qué repercusiones tiene esa escasa apuesta por la tecnología?
Otro tema bien diferente es el de aprender a ser empresario, en esto no hay universidades ni escuelas técnicas, ni formación profesional que valga. El empresario nace, crece y se reproduce a pecho descubierto, con la empírica como fuente de sabiduría.
La competitividad es la capacidad de adaptación a las dinámicas sociales y del sector, ahí reside la diferencia que marcará la vida de una empresa: o crea su ventaja competitiva o desaparece. La tecnología actúa como antídoto contra la defunción empresarial.
Con más de 2.300 empresas mostrando todo tipo de soluciones tecnológicas, la experiencia de estar en el Mobile World Congress fue increíble y donde la inteligencia artificial tuvo un papel destacado.







