Hoy vamos a jugar con esas frases que circulan como dogmas en el mundo empresarial. Algunas merecen ser enmarcadas en oro.
No pido un Estado mínimo por capricho. Lo pido porque he comprobado que el único modelo sostenible es aquel en el que el Estado actúa como un cliente de élite.
La vida empresarial es así de cruda: productividad o milongas. Y yo, lo siento mucho, pero de milongas no pago nóminas.
En la empresa, el empresario es el que arruina a sus socios con trampas, pero también el que levanta empleo sólido, el que no cede a la tentación fácil y el que hace de su trayectoria una lección de integridad
Hay libros que te acompañan de por vida y que no se leen, se respiran. Uno de ellos es El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl.
Solo hay dos tipos de personas: buenas o malas. El que es malo, es malo. Punto. Ahora bien, hay personas buenas que se equivocan.
Una persona hablaba con absoluta claridad sobre dos tipos de seres humanos: las moscas y las abejas. Y pensé: “Ya está, aquí hay una gran verdad que vale la pena rescatar».
Unirse no es una opción. Es una ventaja evolutiva. Y sigue siendo nuestro mayor superpoder. No se trata de colectivismo barato ni de utopías comunitarias. Se trata de estrategia.
Amancio Ortega tiene un ego, que lejos de ocupar un pedestal, está a la altura del betún , demostrando que no necesita alimentarlo con premios, aplausos ni reconocimientos.
Hace años, cometí el error de confiar ciegamente en un socio que aparentaba ser el complemento perfecto para mi empresa.