Si Jesucristo naciera hoy lo heitearían.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre Jesucristo y cómo lo heitearían en la actualidad, publicado el 9 de diciembre de 2024.
¡Ey Tecnófilos!
A menos de dos semanas de celebrar el nacimiento de Jesús de Nazaret, una figura central en la historia de la humanidad, vale la pena detenernos un momento y reflexionar. Más allá de nuestras creencias religiosas —o su ausencia—, resulta innegable que su impacto trasciende los siglos. Jesús no solo cambió el curso de la civilización; su mensaje y su historia han pervivido en un contexto donde la cruz se ha convertido en el símbolo más reconocido del planeta, un «logotipo» que deja a cualquier multinacional soñando con derechos exclusivos. Pero, ¿qué pasaría si naciera hoy, en un mundo de ultraconexión y redes sociales?
¿Sería Jesucristo trend topic hoy en día?
El Jesús de las Bienaventuranzas probablemente sería un «trend topic», pero no precisamente por buenas razones. Las mismas multitudes que le siguieron en Galilea hoy se dividirían entre los que graban vídeos en TikTok y los que escupen su veneno en Twitter. Sería acusado de todo: desde milagrero fake que usa efectos especiales, hasta líder de una secta clandestina con fines oscuros. Los «heiteadores» (que no faltan) le crucificarían mediáticamente mucho antes de que llegara el Viernes Santo. Y si tuviera un canal de YouTube, no faltarían los comentarios tipo: «¡Qué hipócrita! Vive del diezmo mientras predica humildad».
En la era de la hiperconectividad, la tecnología —esa herramienta maravillosa que nos conecta y nos potencia como humanidad— también se ha convertido en un arma al servicio de mentes enfermas. Detrás de un teclado, con el anonimato como escudo, abundan quienes usan las redes para descargar sus frustraciones, enjuagar sus fracasos o alimentar su necesidad patológica de atención. Este mundo digital que ha democratizado la comunicación también ha dado voz a los trolls ya los expertos en difamación.
Si Jesús hoy estuviera entre nosotros, los algoritmos de las redes se encargarían de polarizar las opiniones. Su perfil en Instagram podría estar lleno de seguidores que lo idolatran y de bots pagados para desprestigiarle. En TikTok, alguien con más tiempo libre que neuronas analizaría al milímetro sus milagros, desmontándolos con teorías conspiranoicas. Por otro lado, no faltarían los “cazadores de fakes”, que pondrían en duda hasta la multiplicación de los panes: «¿De verdad es trigo ecológico? ¿Y el pescado tiene trazabilidad?» .
Pero el problema no es Jesús, sino nosotros. Vivimos en un mundo donde la narrativa se construye en segundos y la verdad es una víctima colateral de la inmediata. Cualquier figura que después, por noble que sea su causa, es arrastrada al fango del odio digital. En un ecosistema donde las plataformas premian el morbo y los escándalos, los criminales y los impresentables encuentran terreno fértil para operar.
La tecnología no es el problema; es la falta de ética de quienes la manejan. En lugar de aprovechar esta herramienta para construir, muchos la usan para destruir. ¿Y qué decir de los profesionales del heiteo ? Son una nueva clase de parásitos sociales, expertos en generar caos desde la comodidad de su sofá, disfrazados de jueces de la moral o de influencers irreverentes.
Pero no todo está perdido. Este mundo hiperconectado también nos da la oportunidad de elegir cómo usamos la tecnología. Tenemos el poder de decidir si seremos esos como romanos que, entre gritos y burlas, pediran la crucifixión de alguien que intentaba traer esperanza, o si optaremos por construir comunidades que promuevan valores más elevados.
Jesucristo sería baneado, bloqueado y reportado, sí. Pero también encontraría millones de almas conectadas que buscarían algo más grande que el vacío de los likes . Porque, al final, la humanidad sigue siendo capaz de lo mejor y lo peor. Es nuestra elección qué camino seguir.
¡Se me tecnologizan!
