Mediocracia: el nuevo régimen no escrito que domina España.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la «mediocracia» y por qué están dominando España, publicado el 14 de noviembre de 2025.
España ha instaurado sin referéndum un nuevo régimen: la mediocracia, donde el talento molesta, la excelencia se castiga y el mérito se sospecha. Desde escuelas hasta la política, los brillantes son marginados y los mediocres con poder se consolidan.
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Hay palabras que definen sistemas. La democracia nos prometió el gobierno del pueblo; la burocracia, el imperio del papel; la cleptocracia, el reinado de los ladrones.
Hoy instituimos, sin necesidad de referéndum ni reforma constitucional, un nuevo régimen que ya lo impregna todo: la mediocracia.
Y que nadie se llame a engaño: esto no es una metáfora. Es una descripción clínica. La mediocracia es ese sistema donde el talento incomoda, la excelencia se castiga y el mérito se sospecha. Es el estado natural de un país que lleva décadas premiando la obediencia gris frente a la disidencia brillante.
Porque, reconozcámoslo, ser brillante en España es una amenaza. El sistema educativo penaliza al que pregunta demasiado. El mercado laboral margina al que destaca. La política exilia al que piensa. Y el emprendimiento… el emprendimiento no cabe. Estorba. Como si querer crear riqueza fuese una anomalía en esta gran terapia grupal llamada Estado del Bienestar.
Vamos a intentar aprender algo
Un país no se hunde porque la gente sea tonta —eso sería hasta simpático—. Se hunde cuando los tontos mandan.
Cuando el burócrata con poder le dice al empresario: “no puedes hacer eso, espera a la subvención.”
Cuando el maestro frustrado le dice al alumno inquieto: “no te adelantes, no salgas del carril.”
Cuando el político sin oficio le dice al genio exiliado: “no hay sitio para ti en esta mesa.”
Eso, queridos Tecnófilos, es la mediocracia. Un sistema donde todo se empobrece, se ralentiza y se aplana… no porque falten recursos, sino porque sobran mediocres con poder y faltan valientes con voz.
Y lo peor no es que exista. Lo peor es que se ha convertido en norma moral. En modelo a seguir.
Hemos sustituido la meritocracia por la igualación forzosa. La cultura del esfuerzo por el culto a la excusa. El brillo por la sospecha. Y al que aún intenta construir algo… se le llama facha, explotador, o egoísta.
¿Solución?
Para empezar: dejar de aplaudir a los mediocres.
No al que lo intenta y falla, sino al que nunca lo intenta y se cuela en la foto.
Reivindicar el mérito, el talento y la excelencia sin complejos.
Y sobre todo, dejar de fingir que todos somos iguales. Porque no lo somos.
Y fingirlo solo beneficia a los que no quieren mejorar.
En España, cada día se levantan miles de personas con ideas, con hambre de futuro, con ganas de cambiar las cosas. Pero también se levantan los guardianes de la mediocracia.
Los que te dicen “no te expongas”, “no presumas”, “no seas ambicioso”.
A esos hay que decirles, con una sonrisa y sin pedir permiso:
No he llegado hasta aquí para ser uno más.
¡Se me tecnologizan!
