El café: filosofía, salud y compañía.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre el café, toda una filosofía detrás, publicado el 16 de noviembre de 2025.
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
En mi cocina, sobre la encimera, se alinean mis compañeros de viaje: la De’Longhi Magnifica S, la Dedica, el molinillo, el espumador y la tetera. No son simples aparatos; son parte de mi vida diaria. Ahí preparo cada café que me acompaña en los días buenos y en los difíciles, en la soledad de la madrugada o en la compañía de los amigos.
El café ha estado siempre conmigo. Se demonizó durante años, pero la ciencia hoy lo reivindica: es fuente de antioxidantes, ayuda a prevenir enfermedades neurodegenerativas, mejora la concentración y hasta reduce el riesgo de diabetes tipo 2. Eso sí, como todo en la vida, hay que saber usarlo. Un exceso puede ser perjudicial, pero lo mismo sucede con el agua. La clave está en el equilibrio.
En lo social, el café es mucho más que una bebida. Es un lenguaje universal. Un “vamos a tomar un café” significa compartir tiempo, abrir un espacio para la conversación, la reflexión o el negocio. En torno a una taza se firman pactos, se sellan amistades y hasta se despiden amores.
Y está el café como cómplice en el día a día. No te juzga, no te reprocha, simplemente está ahí, cálido, aromático, dispuesto a empujar tu jornada un poco más allá. Cuando viajo, cuando trabajo, cuando escribo, siempre encuentro en él una especie de lealtad silenciosa.
Preparar café también es una lección de vida: moler, prensar, ajustar, esperar… Un ejercicio de paciencia y precisión que enseña que lo cuidado y lo lento trascienden más que lo fácil y lo inmediato.
No exagero si digo que el café ha sido testigo de mi vida entera: desde aquellas madrugadas de radioaficionado, donde me mantenía despierto para escuchar voces lejanas en la onda corta, hasta mis largas jornadas como empresario, en las que una taza ha sido aliada, consuelo y chispa de inspiración. El café me ha acompañado siempre, como un socio fiel al que no hace falta pedirle nada porque ya está ahí, esperando.
¡Se me tecnologizan!
