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Estupidez humana

La estupidez es necesaria.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la estupidez y por qué hoy con tanta información seguimos ignorando muchas cosas, publicado el 9 de febrero de 2026.

El día que la música se volvió silencio

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Hay una idea que incomoda mucho porque no deja coartadas morales: la estupidez no es un fallo del sistema. Es parte del diseño. Y no, no lo digo para insultar a nadie, sino para entender por qué, con más información que nunca, seguimos viendo decisiones absurdas, líderes mediocres y masas felices repitiendo consignas.

Vamos por partes, que aquí conviene pisar suelo firme.

1. El cerebro no quiere pensar

Pensar cuesta energía. Mucha. El cerebro apenas representa un pequeño porcentaje del cuerpo, pero consume una barbaridad de recursos. Analizar, dudar, cuestionar… todo eso es carísimo. Así que la evolución hizo lo lógico: premiar el ahorro.

Aceptar lo que dice el grupo, seguir la corriente, no complicarse. Eso es eficiencia biológica. Lo otro es un lujo. Arthur Schopenhauer lo entendió bien: no estamos configurados para el pensamiento constante, sino para sobrevivir gastando lo mínimo.

2. Pensar molesta al sistema

Los sistemas jerárquicos no se construyen para pensadores, sino para ejecutores. El que cuestiona detecta grietas, genera fricción y ralentiza la maquinaria. El que obedece es predecible, gestionable y promocionable.

Sócrates lo comprobó en sus propias carnes. Hacer pensar a la gente fue visto como una amenaza. Resultado: cicuta. Dos mil cuatrocientos años después seguimos igual, pero con mejores pantallas.

3. La obediencia es socialmente rentable

Hannah Arendt se llevó una sorpresa monumental al analizar a los responsables del horror nazi: no eran monstruos, eran burócratas eficientes. Gente normal que no pensó. La obediencia sin reflexión es mucho más peligrosa que la maldad explícita.

A nivel cotidiano pasa lo mismo. Pensar por tu cuenta genera conflicto. Y el grupo penaliza el conflicto. Por eso la estupidez, entendida como no cuestionar, actúa como pegamento social.

4. La ignorancia da seguridad

Aquí entra el golpe psicológico. El que sabe duda. El que no sabe, no. Esa seguridad infundada se percibe como liderazgo. La duda, aunque sea inteligente, parece debilidad. Así ascienden muchos incompetentes y así se perpetúa la mediocridad.

Friedrich Nietzsche lo llamó moral de rebaño. No hace falta añadir mucho más.

5. Entonces, ¿qué hacemos?

Aceptar una verdad incómoda: la estupidez funciona. Por eso existe. Por eso se reproduce. Por eso tiene premio. Pretender erradicarla es perder el tiempo. El objetivo no es cambiar al mundo, sino no dejar que te apague a ti.

Y aquí sí, vamos a intentar aprender algo. Pensar cuesta energía, sí. Pero no pensar cuesta autonomía. Y esa factura llega siempre, aunque tarde.

¡Se me tecnologizan!

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