Hay una idea que incomoda mucho porque no deja coartadas morales: la estupidez no es un fallo del sistema. Es parte del diseño.
La tecnología no es mala. Malo es el vacío moral. Lo que asusta no es el algoritmo, sino la ausencia de conciencia en quien lo diseña.
Decir que “yo no soy egoísta” es como decir que no necesito respirar. Todos tenemos egoísmo en algún grado, grabado a fuego en nuestra genética.