Radiocomunicaciones
emergencias walkie-talkie

El walkie-talkie fue la solución para el blackout.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre el walkie-talkie y la radio convencional ante el blackout , publicado el 06 de mayo de 2025.

Es inadmisible que un país moderno no cuente con una red paralela de comunicaciones preparada para cuando todo lo demás falle. No es opcional, es estructural. Porque el siguiente apagón llegará. 

¡Ey, tecnófilos! ¿qué está pasando por ahí?

Durante el gran apagón que dejó a España y Portugal sumidas en la oscuridad durante más de doce horas, se evidenció —una vez más— una de las grandes debilidades de nuestra civilización tecnológica: la total dependencia de sistemas frágiles, comerciales y no diseñados para situaciones límite. Cuando las redes móviles colapsaron y los datos desaparecieron, la mayoría de servicios esenciales se quedaron incomunicados. Pero no todos. Algunos tenían lo que muchos ridiculizaban hasta hace dos días: un sistema de comunicación de emergencia.

Y detengámonos un segundo, Tecnófilos, porque esto hay que definirlo con precisión.

Un Sistema de Comunicación de Emergencia es aquel que está preparado para garantizar la comunicación —de voz o telemática— cuando todos los demás sistemas han dejado de funcionar. Ni más ni menos. No depende de la red eléctrica general, ni de una infraestructura comercial masiva, ni de la voluntad divina de que las cosas “sigan funcionando”. Está pensado para lo peor. Y en este blackout, lo peor llegó.

¿La solución? Volver a lo básico. El viejo y fiable walkie-talkie. Ese dispositivo autónomo, robusto, sin necesidad de cobertura externa, fue lo que permitió a cientos de operarios de mantenimiento, técnicos de emergencias, fuerzas de seguridad, sanitarios y empleados de utilities seguir en contacto mientras el país estaba a oscuras y en silencio digital.

Lo grotesco es que muchos organismos públicos y empresas tuvieron que ir a buscar esos equipos a trasteros y almacenes donde llevaban años cogiendo polvo. Se habían descartado en nombre del “avance tecnológico”, reemplazados por móviles inteligentes y apps de gestión en la nube… hasta que se cayó la luz. Y con la luz, todo lo demás.

Peor aún: tuvieron que recurrir incluso a radioaficionados, personas con emisoras en sus casas que, voluntariamente y sin pedir nada a cambio, tendieron puentes de comunicación entre servicios de emergencia, ayuntamientos rurales, centros médicos y operativos logísticos. Sí, amigos, lo que despreciaron por “analógico” salvó la papeleta.

Mientras tanto, y lo digo con la cabeza alta, las empresas que yo asesoro —a las que les hemos implantado auténticos Sistemas de Comunicación de Emergencia, híbridos y adaptados a situaciones críticas— no sufrieron interrupciones relevantes. Porque esto no va de magia. Va de planificación, experiencia y respeto por la tecnología que no presume, pero responde.

Es inadmisible que un país moderno no cuente con una red paralela de comunicaciones preparada para cuando todo lo demás falle. No es opcional, es estructural. Porque el siguiente apagón llegará. Y si seguimos igual, volveremos a quedarnos mudos y ciegos, dependiendo de un walkie y un radioaficionado para poder reaccionar.

Conclusión:

– Recuperemos la seriedad en la gestión de las infraestructuras críticas.

– Invirtamos en sistemas resilientes, no en gadgets para salir bien en la foto.

– Y entendamos, de una vez, que el mejor sistema de comunicación no es el más moderno… es el que sigue funcionando cuando todo lo demás se apaga.

¡Se me tecnologizan!

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