Detectando y eliminando la toxicidad en el entorno laboral.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la toxicidad en el entorno laboral, publicado el 6 de marzo de 2025.
La presencia de personas tóxicas en las empresas no es un fenómeno nuevo, pero con la creciente globalización y la hipercompetitividad del mercado, su impacto puede ser más devastador que nunca.
¡Ey, tecnófilos!
En el vasto mundo empresarial, nos encontramos con personas de todo tipo: las que suman, las que restan, y, lamentablemente, las que envenenan. Hoy quiero hablaros de estas últimas, las manzanas podridas que, si no se identifican a tiempo, pueden acabar infectando todo el cesto, afectando a equipos de trabajo que, en su esencia, están destinados a ser productivos y armoniosos.
La presencia de personas tóxicas en las empresas no es un fenómeno nuevo, pero con la creciente globalización y la hipercompetitividad del mercado, su impacto puede ser más devastador que nunca. Yo, como empresario y tecnólogo con más de tres décadas de experiencia, he visto cómo un solo individuo puede socavar la moral, desintegrar la cohesión y, en última instancia, arruinar proyectos que parecían destinados al éxito.
Manzanas podridas: el cáncer del equipo
Todos hemos tenido la mala fortuna de encontrarnos con alguien que parece dedicarse a sabotear, consciente o inconscientemente, el buen desarrollo de un equipo. Estas personas se caracterizan por sembrar discordia, desmotivar a los demás y absorber la energía de quienes están a su alrededor. Son como parásitos que no sólo no aportan, sino que debilitan al conjunto. En mi trayectoria empresarial, he aprendido que la clave está en identificarlas lo antes posible para tomar medidas antes de que sea tarde.
Hay varias formas en las que estas personas se manifiestan. Están los que siempre tienen una actitud negativa, aquellos que nunca parecen estar satisfechos con nada. Luego están los manipuladores, que juegan con las emociones y las inseguridades de los demás para su propio beneficio. También están los pasivos-agresivos, que nunca expresan su descontento de manera directa, pero que, con su actitud y acciones, socavan el progreso.
La tríada oscura: cuando la toxicidad toma forma
Dentro de este grupo de personas tóxicas, hay un subgrupo que merece una mención especial: aquellos que exhiben rasgos de lo que se conoce como la tríada oscura en la psicología empresarial. Estos individuos, que combinan rasgos de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía, son particularmente peligrosos para cualquier organización.
Narcisismo: Estas personas están tan absortas en su propia importancia que no pueden ver más allá de su propio ego. Creen que el mundo gira en torno a ellos y que cualquier éxito o fracaso es exclusivamente mérito o culpa suya. En un equipo, el narcisista acapara los éxitos y desvía los fracasos, creando resentimiento y desconfianza.
Machiavelismo: Estos individuos son manipuladores por naturaleza. No tienen reparos en usar a otros para conseguir sus propios fines, sin importar el coste para los demás. Son los que te halagan por delante y te apuñalan por la espalda. En un entorno empresarial, esto puede ser devastador, ya que crean un clima de desconfianza y traición.
Psicopatía: Los psicópatas en el mundo empresarial no siempre son los villanos de las películas. A menudo, son encantadores, carismáticos y capaces de ganarse la confianza de todos… hasta que muestran su verdadero rostro. Carecen de empatía y no tienen reparos en pisotear a otros para alcanzar sus metas. En los equipos, estos individuos son auténticas bombas de relojería que, tarde o temprano, explotan.
Lecciones desde la trinchera
A lo largo de mi carrera, he tenido la desafortunada experiencia de cruzarme con varias de estas personas tóxicas. Al principio, la reacción instintiva es intentar salvarlas, intentar cambiar su comportamiento o, peor aún, ignorarlas con la esperanza de que su toxicidad no afecte demasiado al equipo. Pero el tiempo me ha enseñado que la paciencia no es siempre la virtud correcta en estos casos.
Un ejemplo claro fue en una de mis primeras empresas, donde un individuo con claros rasgos narcisistas y maquiavélicos estuvo saboteando el progreso del equipo durante meses. Cada reunión se convertía en un espectáculo centrado en él, y cualquier decisión que no lo favorecía era boicoteada de manera sutil. Al final, lo que comenzó como pequeñas fisuras en la moral del equipo se transformó en una ruptura total. La lección fue clara: la toxicidad, como una manzana podrida, debe ser eliminada cuanto antes.
La clave está en actuar con rapidez y sin titubeos. Las personas tóxicas no sólo afectan la productividad, sino también la salud mental de todo el equipo. Y si hay algo que debemos proteger por encima de todo en el entorno empresarial, es la integridad y bienestar de nuestros colaboradores. Porque un equipo fuerte, unido y motivado puede lograr cualquier cosa.
Así que, Tecnófilos, recordad esta máxima: «Tanta gloria lleves como paz dejas». Porque al final del día, lo que queda no son sólo los éxitos o fracasos, sino el impacto que cada uno de nosotros ha tenido en el entorno y en las personas que nos rodean.
¡Se me tecnologizan!
