El odio ancestral entre Vigo y Coruña.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la rivalidad sana entre Vigo y Coruña, publicado el 13 de diciembre de 2024.
¡Ey Tecnófilos!
Como buen gallego, nací en Caracas (Venezuela), pero con tan solo ocho meses aterricé en A Coruña, mi ciudad. Aquí crecí, aquí aprendí a amar el Atlántico, y aquí descubrí lo que significa ser de un lugar que se lleva en el alma. La quiero con locura, con ese amor que solo se entiende cuando sientes que cada rincón de tu ciudad forma parte de ti.
La rivalidad entre Vigo y Coruña es un tema tan antiguo como los muros de nuestras ciudades. Siempre ha estado ahí, avivada por el fútbol, los debates económicos o incluso la simple comparación de puertos y paisajes. Pero, si nos quitamos las gafas del populismo que algunos fomentan desde la política para dividirnos, descubrimos algo evidente: juntas, Vigo y Coruña forman una Galicia más fuerte, más competitiva y más unida.
Desde Coruña, me siento orgulloso de mi ciudad. De su puerto, de su historia, de sus empresas y de su gente. Pero también reconozco que Vigo tiene su peso, su carácter industrial, su dinamismo empresarial, y que, en muchos aspectos, es el contrapeso perfecto para lo que ofrece nuestra querida Coruña. El puerto de Vigo y su capacidad logística, Stellantis y su músculo industrial, son el reflejo de una ciudad que empuja y lucha, y eso, lejos de ser una amenaza, debería inspirarnos.
El fútbol es quizás la única arena donde esa rivalidad se convierte en una sana confrontación. Soy del Real Club Deportivo de La Coruña SAD , y cuando nos enfrentamos al RC Celta , quiero que mi equipo gane con todas las de la ley. Pero cuando el Celta juega en Europa o lucha por mantenerse en Primera, me alegra que triunfe. Porque un Celta fuerte pone a Galicia en el mapa. Y un Dépor fuerte haría lo mismo. En el fondo, cuando Vigo brilla, Coruña no se apaga; al contrario, el reflejo nos ilumina a todos.
Lo mismo pasa con las empresas y las instituciones. Inditex y Stellantis España no están enfrentadas; representan dos caras de una Galicia pujante, innovadora y diversa. ¿Por qué pelear por cuál es «mejor» cuando ambos contribuyen a la riqueza y la reputación de nuestra tierra? Lo mismo ocurre con el puerto de Vigo y el puerto de Coruña: no compiten, se complementan. Cada uno tiene su función y su fortaleza, y juntos hacen que Galicia sea un referente en comercio y transporte marítimo.
¿Y qué decir de los foros empresariales? El Nordés Club Empresarial y el Círculo de Empresarios de Galicia no están para dividirnos, sino para abrir espacios de diálogo, para pensar y construir una Galicia más próspera. No se trata de cuál es más grande o más influyente, sino de cómo podemos trabajar en conjunto para competir con el resto del mundo, porque ahí está el verdadero desafío.
Cuando voy a Vigo, siendo coruñés, me siento como en casa. Y me encantaría pensar que cualquier vigués que pasee por la Marina o Riazor se sienta lo mismo. Es cierto que somos ciudades diferentes, con acentos distintos y orgullos locales muy marcados. Pero nuestras diferencias son lo que nos hace complementarios. La ley de la competitividad no es una cuestión de destruir al rival, sino de aprender de él y crecer juntos.
En un mundo donde las alianzas marcan la diferencia, Galicia no puede permitirse enfrentarse a sí misma. Vigo y Coruña, nuestras dos grandes ciudades, no son enemigas, son aliadas naturales. Un Vigo fuerte hace que Coruña sea más grande, y viceversa. Dejemos de mirar con recelo lo que tenemos enfrente y empecemos a construir puentes, porque, al final, lo que cuenta no es quién gana un derbi, sino quién levanta Galicia.
Quizás no sea literal, pero construir un puente más grande que el de Rande, uniendo Vigo y Coruña, no es una idea descabellada. Ya sea en la imaginación o en la práctica, ese puente representaría nuestra fuerza compartida, nuestras oportunidades conjuntas y, sobre todo, nuestra capacidad de soñar y construir algo extraordinario. Porque juntos, tecnófilos, podemos hacer que Galicia cruce a cualquier distancia.
¡Se me tecnologizan!
