Cae la noche en casa de un radioaficionado. Cae la noche en casa de un prepper. Es la hora en que la propagación despierta en las bandas bajas.
La radio no es nostalgia ni un fetiche analógico. La radio es disciplina: escuchar antes de hablar, transmitir solo lo necesario, comunicar con precisión quirúrgica.
Hoy quiero poner en valor algo tan sencillo como tener un receptor autónomo de radio en cada casa. No hablo de caprichos ni de coleccionismo. Hablo de seguridad, de responsabilidad y de resiliencia.
Soy prepper y lo confieso sin rodeos. Para algunos puede sonar paranoico; para mí, es disciplina.
Lo confieso sin rodeos: soy un prepper. Y no lo digo como quien se esconde tras una etiqueta exótica, sino con la serenidad de quien asume que la previsión es una forma de vida.
Hoy quiero abordar un tema que debería ser una alerta roja para los responsables de seguridad y equipamiento en grandes instalaciones industriales, especialmente en infraestructuras críticas.
Si los operadores de radio del Titanic hubieran utilizado el sistema de radiocomunicaciones de manera adecuada, podría haberse salvado al barco y se podrían haber evitado muchas de las pérdidas humanas que se produjeron.
En el ámbito puramente profesional, todos nos acordamos de personas que, realizando trabajos que suponían un riesgo importante de padecer un accidente, se echaban cada día al tajo sin protección alguna para desarrollar su actividad cotidiana.
Una vez más, siento vergüenza del género humano al contemplar el desfile de personas eximiéndose de responsabilidad y otros cogiéndosela con papel de fumar.
Hoy relevamos las viejas radiocomunicaciones por algo que sin duda mejorará la coordinación en los servicios de misión crítica y certificamos oficiosamente la muerte del walkie talkie.
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