En mi larga carrera, he aprendido que el fracaso es un maestro más elocuente que el éxito. Las lecciones que se graban en el alma empresarial tras un fracaso son las que forjan los cimientos de futuros imperios.
La falta de adaptación al mercado y la ignorancia de la competencia son como ignorar las señales de una tormenta inminente; el resultado es, a menudo, desastroso.
Entre las posibles razones que se han atribuido al fracaso del Segway, se encuentra la falta de publicidad, su elevado costo y su reputación dañada por diversos incidentes y accidentes.
Fracaso también es perder el liderazgo del sector, ser adelantado por la competencia o quedarse atrás. Que el negocio siga funcionando y siendo una apuesta fiable no niega necesariamente lo primero.
Equivócate y estás muerto, parecería el título de un thriller de acción, pero no es así. Es un reflejo fiel de la vida misma en el país donde el fracaso empresarial no tiene perdón.
Aunque el virus haya acentuado aspectos clave de los entornos VUCA, afirmar que es el principal causante de toda nuestra incertidumbre sería falso e irresponsable. El mundo globalizado, vaya, lo lleva siendo desde antes de que llegara el COVID-19.
No prestar atención a las nuevas tendencias del sector, ignorarlas, no subirse al barco cuando aún tienes oportunidad y ser superado por la competencia, son errores que se repiten una y otra vez, en todos los tiempos y en todos los lugares.
En esta serie de artículos vamos a analizar las empresas que no supieron adaptarse, a quienes no gestionaron sus negocios correctamente, las casas que de una forma u otra fracasaron y quedaron relegadas a un segundo plano.







