Los empresarios no necesitan a nadie para hacer la transformación digital. Son ellos los que deben tener la iniciativa de transformarse a sí mismos y no esperar a que la administración o el político de turno les enmiende la plana.
Las sociedades avanzadas se caracterizan por la capacidad de prevenir y prepararse para las cosas que pueden ocurrir y que en general ocurren. Las administraciones deberían poner todos los medios a su alcance para evitar, entre otros, los delitos de índole sexual.
Redundaremos los servidores, los canales de comunicación, las líneas de acceso de datos, el software y los responsables del mantenimiento de todos los dispositivos y sistemas. También deberemos redundar la ubicación de la compañía en la medida de lo posible y diversificar los riesgos de sede.
Ha llegado la hora de la transformación digital de los empresarios gallegos. Desde el fontanero, el carpintero, el repartidor, el hortelano y todo el resto de autónomos de Galicia; y también de todas las pymes, desde las más pequeñas hasta las más grandes.
Como todo en la vida, y en la actividad empresarial no iba a ser menos, la búsqueda continua de la excelencia deber ser el rumbo que deben tomar las empresas que busquen el éxito. Este rumbo está marcado por la aplicación correcta de la tecnología y existen una serie de aspectos que hay que tener en cuenta.
Desde hace unos años para aquí, con la irrupción del IoT, el Big Data, el Block Chain y un largo etcétera, han surgido compañías que por diversas razones, y al amparo de las necesidades de Inditex en el norte de Galicia, y de todo el clúster del automóvil en el sur, se han convertido en referentes.
Mi equipo y yo organizamos un congreso que constituye un encuentro de tecnologías para la gestión de flotas llamado TECH4FLEET, con un altísimo conocimiento sobre tecnologías que permiten mejorar las prestaciones y reducir los costes en cualquier tipo de flota.
Es posible que en el día a día de nuestra vida cotidiana podamos permitirnos ciertos lujos de aplicar el principio de acción y reacción inmediata, ya que en cuestiones nimias sus consecuencias suelen ser pequeñas. En el mundo empresarial las reacciones precipitadas cuestan dinero.
La tecnología de hoy no servirá para mañana. En plena transformación digital y de la revolución de la industria 4.0, sentarse cómodamente a ver los resultados de una implantación sin tener en cuenta que la tecnología evoluciona rápidamente y que sus periodos de amortización deben ser obligatoriamente acelerados, es un grave error.
Poco importa que se trate de una microempresa, una pyme o una gran compañía: la tecnología es la herramienta que nos va a ayudar a optimizar procesos, eliminar despilfarros o abrir nuevas vías de negocio; entre muchas otras cuestiones positivas.









