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El actor principal de la película de mi vida

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre publicado en Mundiario el 31 de mayo de 2024.

La vida, con su caprichosa sabiduría, ha escogido el género de mi película personal. En este carrusel de emociones, he experimentado episodios de drama, pinceladas de comedia, y capítulos llenos de romance, aventura y misterio.

¡Ey Tecnófilos!

En el crepúsculo de mis años, ese momento en el que la naturaleza se prepara para el letargo invernal y la luz del verano se desvanece en una sutil melancolía, me veo a mí mismo no solo como el protagonista de mi existencia, sino también como su director, guionista y, aún más importante, como el compositor de la banda sonora de mi vida.

La vida, con su caprichosa sabiduría, ha escogido el género de mi película personal. En este carrusel de emociones, he experimentado episodios de drama, pinceladas de comedia, y capítulos llenos de romance, aventura y misterio. En momentos, mi vida pareció una tragedia griega, con enseñanzas ocultas tras capas de dolor y confusión, pero siempre había una melodía de fondo, un suave recordatorio de que soy dueño de mis actos, decisiones y emociones.

Los cimientos de mi vida, mis valores y mi educación, han guiado el guion de esta historia.

Aunque el destino haya intentado escribir sus propios giros y revueltas, como protagonista siempre he tenido la oportunidad de negociar con él, de influir en el desarrollo de los acontecimientos.

He caminado por diversos escenarios, desde los luminosos días de mi infancia hasta las abarrotadas urbes donde, como un joven emprendedor, buscaba hacerme un nombre. Cada lugar, cada esquina, está impregnada de recuerdos, enseñanzas y anécdotas.

Mis compañeros de viaje, verdaderos co-directores de esta obra, han influido en la trama y el tono de mi relato. Cada uno, con su esencia única, dejó su huella en mi vida. Algunos aportaron alegría, otros tristeza, pero todos, sin excepción, dejaron una marca indeleble en mi ser.

Los personajes secundarios han aparecido y desaparecido, algunos sin aviso previo. Sin embargo, los verdaderos protagonistas, como mi familia, amigos cercanos y amores verdaderos, se convirtieron en el núcleo de mi existencia. A ellos dedico cada escena emotiva, cada lección aprendida sobre lealtad, amor y autenticidad.

Dueño de mi destino y arquitecto de mis sueños.

Mi vida ha tenido dos grandes actos: el primero, dirigido por mis padres, quienes me brindaron las herramientas, valores y enseñanzas necesarias; el segundo, en el que, como decidido empresario, tomé control total, siendo dueño de mi destino y arquitecto de mis sueños.

Los avances tecnológicos han aportado efectos especiales y una cinematografía de vanguardia a mi relato. He sido testigo de revoluciones tecnológicas que han cambiado nuestra forma de ver el mundo. Aunque no siempre estuve a la vanguardia de estos cambios, supe adaptarme, aprender y sacarles provecho.

Sin embargo, también he enfrentado traiciones y fracasos. Aunque dolieron en el momento, con el tiempo comprendí que cada desilusión era una lección de vida, cada fracaso una oportunidad de crecimiento. Aprendí la importancia de la paciencia, de esperar el momento adecuado y de mantener la fe en uno mismo, incluso cuando todo parecía desmoronarse.

La autenticidad y la verdad siempre han guiado mis pasos.

En un mundo de apariencias, opté por ser genuino, por ser fiel a mí mismo, por ser el actor principal en la película de mi vida y no un mero espectador.

Ahora, mientras el atardecer tiñe el cielo de tonos naranjas y rojizos, miro hacia atrás, recordando cada escena, cada diálogo, cada melodía. Siento una profunda gratitud por todo lo vivido, por cada alegría y cada tristeza, por cada victoria y cada derrota. Porque al final, todas esas experiencias compusieron la sinfonía de mi existencia, la película de mi vida.

Y si tuviera que elegir un título para esta obra maestra, sería simplemente: «Gratitud». Porque en medio de los altibajos, de las risas y las lágrimas, de los éxitos y fracasos, lo que prevalece es el agradecimiento por haber vivido, amado, llorado, reído y, sobre todo, aprendido. Porque soy, y siempre seré, el actor principal de la película de mi vida. 

¡Se me tecnologizan!

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