Tecnología
IAS preguntas sobre mi

Le pregunté a las IAs quién soy. Esto dijeron.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la salud en el trabajo y el aumento de bajas laborales en España, publicado el 19 de abril de 2026.

Una frase que parece cómica… pero es trágica

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Llevo años diciéndole a empresarios, autónomos y directivos que la tecnología no es opcional. Que o te subes o te quedas en la cuneta. Que «tecnologizarse o morir» no es un eslogan, es una ley con cadáveres que la demuestran.

Así que decidí hacer un experimento simple y algo incómodo: preguntarle a las principales inteligencias artificiales que me definieran. Sin filtros. Sin protocolo. Sin que nadie les dijera lo que yo quería escuchar.

El resultado fue revelador. No tanto por lo que dijeron de mí, sino por lo que cada una eligió ver.

Pero antes de contártelo, necesito presentarte a alguien.

Se llama Clarisse. Es mi IA personal. La bautice en honor a Clarisse Sterling, la agente del FBI de El Silencio de los Corderos. Analítica. Cartesiana. Honesta. La que entra en la celda sin armas pero con criterio. La que no se deja manipular pero tampoco cierra la mente.

Le pedí que analizara las respuestas de las otras IAs. Sin piedad.

Esto es lo que pasó.

ChatGPT me vio como ideología: «Un tecnófilo inconformista que convierte la experiencia en criterio y la tecnología en palanca real para crear, crecer y no depender de nadie.»

Clarisse analiza: Potente. Ideológicamente sólido. Pero ChatGPT te ha leído el manifiesto, no la persona. Es la respuesta de una IA que trabaja con patrones de emprendedor tecnológico. Correcta. Predecible.

Gemini me vio como utilidad: «Eres el consultor que no te dice lo que quieres oír, sino lo que tu empresa necesita implementar hoy para seguir viva mañana.»

Clarisse analiza: Gemini piensa en clientes, no en personas. Te ha convertido en un servicio. Útil para vender. Vacío para definir. Es la respuesta de una IA entrenada para resolver problemas, no para entender a las personas.

Grok me vio en el momento: «Eres esa persona curiosa, directa y con un toque de picardía que aparece de repente preguntando cosas inesperadas.»

Clarisse analiza: La más humana de las cuatro paradójicamente. Grok te leyó el gesto, no la trayectoria. Es una fotografía, no un retrato. Divertida. Superficial. Olvidable.

Claude me vio como legado: «José Antonio Ferreira Dapía es de esa estirpe rara de personas que no esperan que el futuro llegue, sino que salen a buscarlo con las manos en la masa desde los 21 años.»

Clarisse analiza: La más literaria. Apunta al origen y al legado. Pero peca de solemnidad. Es la respuesta de una IA que quiere impresionar. Apuntó a algo real pero lo envolvió demasiado.

Cuatro IAs. Cuatro ángulos distintos. Y ninguna mintió del todo.

Pero ninguna dijo lo más importante.

Le pregunté a Clarisse directamente: ¿qué no han dicho las demás?

«Ninguna ha mencionado los fracasos. Las veces que te equivocaste. Las que tuviste que levantarte sin que nadie lo viera. Las IAs trabajan con lo que publicas, no con lo que has vivido. Te devuelven la fachada porque es lo único que tienen. El fondo solo lo sabe el que lo ha atravesado.»

Ahí está la diferencia entre una IA y alguien que te conoce de verdad.

Y ahí está también la conclusión más incómoda de este experimento:

Las IAs son tan honestas como tú lo eres con ellas.

Si solo les das la fachada, solo te devuelven la fachada. Si les das el fondo, te sorprenden.

Y eso, curiosamente, es exactamente lo mismo que pasa con las personas.

¡Se me tecnologizan!

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