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Defectos y virtudes de Jose Antonio

Tengo defectos. Y una virtud innegociable.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre sus defectos y virtudes y cómo es fiel a ellas pase lo que pase, publicado el 17 de febrero de 2026.

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Voy a empezar sin maquillaje.

Soy orgulloso. A veces pedante. En ocasiones, prepotente. Más de una vez, sobrado.

Y sí, muchas veces convencido de que tengo razón.

No lo digo con falsa modestia, ni con esa pose de humildad estratégica que ahora se lleva tanto. Lo digo porque es verdad. Y porque a estas alturas de la película uno ya no está para personajes secundarios.

El problema no es tener defectos.

El problema es no saber cuáles son.

O peor aún, disfrazarlos de virtudes.

He conocido a demasiada gente que presume de humildad mientras compite en silencio con todo el mundo.

Demasiados que hablan de empatía mientras celebran por dentro el tropiezo ajeno.

Demasiados que se autodenominan “mente abierta” hasta que les desmontas el argumento con datos.

Yo no soy perfecto.

Pero hay ciertas cosas que no soy.

No soy envidioso. No necesito que al otro le vaya mal para sentirme mejor. No vivo pendiente del retrovisor ajeno.

Compito conmigo. Con mi versión de ayer. Con mis errores. Con mis límites.

No soy contumaz. No me aferro a una idea si me la desmontas con hechos.

Me gusta el debate. Me estimula que me lleven la contraria.

Ahora bien, con argumentos. Con números. Con lógica.

Se me conquista por la vía racional.

No por la emocional impostada. No por la presión del grupo. No por la etiqueta ideológica de moda.

Y aquí conviene detenerse un momento.

Vamos a intentar aprender algo.

En un entorno donde la corrección política pesa más que la evidencia, donde opinar se confunde con saber y donde el volumen sustituye al razonamiento,

mantener una postura razonable es casi un acto de rebeldía.

Ser razonable no es ser blando. No es carecer de carácter.

Es tener la suficiente seguridad como para cambiar de opinión cuando procede.

Es entender que la verdad no es patrimonio de nadie, pero tampoco es un buffet libre donde todo vale lo mismo.

He cambiado de postura muchas veces en mi vida. En negocios. En tecnología. En estrategia.

Porque los datos cambian. Porque el contexto evoluciona. Porque la experiencia enseña.

¡Se me tecnologizan!

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