La IA son lentejas, no es perfecta.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la IA y por qué son lentejas y debemos aprender a manejarla , publicado el 11 de octubre de 2025.
Lo primero que conviene entender es que la IA no es un oráculo infalible, ni un dios mecánico que dicta verdades absolutas. Es un conjunto de algoritmos entrenados con datos humanos, y por tanto hereda todos nuestros sesgos, errores y limitaciones
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
La inteligencia artificial se ha convertido en la sopa de moda en las mesas de todo el mundo empresarial, político y mediático. Pero, como diría mi abuela, “la IA son lentejas: si quieres las comes y si no, las dejas”. No hay término medio. No es perfecta, no lo será nunca, y tampoco necesita serlo para cambiar el tablero.
La IA no es un oráculo infalible
Lo primero que conviene entender es que la IA no es un oráculo infalible, ni un dios mecánico que dicta verdades absolutas. Es un conjunto de algoritmos entrenados con datos humanos, y por tanto hereda todos nuestros sesgos, errores y limitaciones. Pretender que sea impecable es tan ingenuo como creer que un político nunca miente o que un coche nunca se estropea. La diferencia es que con la IA el fallo puede escalar más rápido, porque multiplica su alcance en segundos.
Ahora bien, ¿cuál es la alternativa? ¿Cerrar los ojos y dejar que el resto del mundo avance mientras nosotros seguimos rellenando papeles a mano? Eso sería como rechazar la imprenta porque alguna Biblia podía imprimirse con erratas. La IA no es perfecta, pero es lo que tenemos. Y, sobre todo, es lo que está transformando la economía global.
En realidad, lo que más incomoda a muchos no es la imperfección de la IA, sino la falta de control. Una máquina que responde, genera y toma decisiones, plantea la incómoda pregunta de para qué sirve el humano en medio de todo esto. Y ahí es donde deberíamos centrarnos: en redefinir el valor añadido humano. Porque si lo reducimos todo a competir contra la eficiencia de una máquina, perderemos siempre.
Cómo adaptarse a la IA
Las empresas que triunfen no serán las que esperen a que la IA sea “perfecta”, sino las que aprendan a convivir con sus fallos, a gestionarlos y, sobre todo, a integrar esa tecnología en procesos donde el error no destruya, sino que se pueda corregir, vigilar y mejorar.
La historia siempre ha sido así. Los primeros coches se averiaban cada pocos kilómetros. Los primeros ordenadores eran poco menos que monstruos caprichosos. Los primeros móviles parecían ladrillos que solo servían para llamar mal. Y sin embargo, fueron el inicio de revoluciones imparables. ¿De verdad alguien cree que la IA será distinta?
Por eso lo de “lentejas” no es una metáfora cualquiera. O las aceptas, con sus limitaciones y su sabor a veces áspero, o te quedas fuera de la mesa. Y quedarse fuera significa, en un mundo globalizado, ver cómo tu competidor —chino, americano o el vecino de al lado— usa la misma herramienta para sacarte ventaja.
La IA no es perfecta, y ahí está precisamente la clave: nuestra misión no es esperar milagros, sino aprender a cocinar esas lentejas a nuestro gusto. Añadirles chorizo, verduras, o lo que haga falta. Domarlas, integrarlas, mejorarlas. Y sobre todo, no dejar que otros decidan el menú por nosotros.
¡Se me tecnologizan!
