El día que la tecnología miró al cielo… y yo a la Tierra.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre el primer lanzamiento de prueba de un satélite GPS, publicado el 14 de julio de 2025.
¡Ey, tecnófilos!
Un 14 de julio de 1974, el primer satélite del sistema GPS surcaba el cielo. Nadie en aquel entonces —salvo quizás un puñado de ingenieros con fe de visionarios— podía imaginar que aquel artefacto suspendido en la órbita terrestre acabaría guiando millones de vehículos, salvando miles de vidas… y, sí, dándole de comer a familias enteras. Como la mía.
El 14 de julio no es una efeméride cualquiera
Hoy es 14 de julio. Y yo lo celebro. Porque no es una efeméride cualquiera: es la fecha que marca el inicio de una revolución silenciosa que cambiaría para siempre la forma en la que nos movemos, nos orientamos y nos protegemos. Para mí, no es solo un hito tecnológico: es el día en que, sin saberlo, empezó a escribirse parte de mi historia.
Porque si hay algo que ha definido mi vida profesional —y por qué no decirlo, también personal— es una convicción que repito como mantra: la tecnología no debe ser un fin en sí misma. No tiene sentido si no mejora la calidad de vida de las personas. No tiene justificación si no ayuda a mejorar la productividad de las empresas y la seguridad de quienes en ellas trabajan.
La telemática terrestre —esa brillante intersección entre telecomunicaciones, informática y movilidad— se convirtió en el territorio fértil donde eché raíces. Y lo hice desde lo humano. Desde lo necesario. Desde lo útil.
GLONASS en Rusia, GPS en EE. UU., Galileo en Europa… Todos compitiendo por ofrecernos precisión milimétrica. Pero lo importante no es el satélite. Lo importante es lo que hicimos nosotros, aquí abajo, con esos datos. Porque los satélites nos dicen dónde estamos, pero somos nosotros los que decidimos qué camino tomar. Y yo decidí que el mío sería ayudar a otros a moverse mejor, a ser más eficientes, a llegar más lejos y a regresar más seguros.
Mi preocupación por la seguridad
Mi viaje empezó en un taxi. Preocupado por la seguridad de mi padre, desarrollé el primer sistema de radiotaxi en A Coruña. Hoy, muchas décadas después, sigo confiando en la tecnología como palanca de progreso. En ella he basado mi empresa, mi trayectoria y mi propósito vital. Y no exagero si digo que, gracias a ella, mi familia ha tenido sustento, techo, educación y futuro.
Por eso, este 14 de julio, yo no solo celebro el lanzamiento de un satélite. Celebro todo lo que vino después. Celebro los kilómetros conectados, los vehículos optimizados, las flotas protegidas, las vidas salvadas, los caminos recorridos. Celebro la bendita telemática. Celebro a los tecnófilos que, como yo, creen que la tecnología no es espectáculo, sino servicio.
Y celebro, sobre todo, que después de todo este tiempo, aún mantengo la ilusión de seguir innovando, de seguir construyendo, de seguir caminando.
Con los pies en la Tierra. Y la mirada, como aquel satélite, en lo alto.
¡Se me tecnologizan!
