Escribir me salvó la vida.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre como escribir le salvó, publicado el 25 de mayo de 2025.
¡Ey, tecnófilos! ¿qué está pasando por ahí?
Hoy no os voy a hablar de ciberseguridad, ni de inteligencia artificial, ni de coches eléctricos ni de geoestrategia digital. Hoy os escribo a corazón abierto.
Se cumplen diez años desde que publiqué mi primer artículo como parte de un ejercicio personal que, con el tiempo, se convirtió en un acto de compromiso público. Lo hice entonces por necesidad, por salud mental y física, por el simple hecho de tener que parar y enfrentarme a mí mismo en un momento vital complicado: pesaba 252 kilos y me preparaba para una cirugía bariátrica que me obligó a mirar hacia adentro. Lo que encontré ahí fue la necesidad de poner palabras al miedo. Y así, escribiendo, empecé a curarme.
Lo que entonces fue una válvula de escape, hoy es uno de los pilares de mi vida.
Pero la verdad es que escribo desde que era niño. Mientras mis amigos jugaban a ser futbolistas o médicos, yo garabateaba cuadernos con ideas, inventos y pequeños relatos. Siempre he sido un apasionado de la ciencia y de la tecnología, sí, pero con una clara inclinación natural por las letras. No soy un hombre de extremos, sino de integración. Lo tecnológico no está reñido con lo humano, al contrario: “La tecnología es importante en función de si mejora la calidad de vida de las personas.” Esa es mi brújula. Y escribir me ha ayudado a no desviarme.
Hoy, después de más de 500 artículos publicados en distintos medios —a quienes agradezco profundamente por brindarme sus plataformas para expresarme—, puedo decir que cada uno ha sido un trozo de mi viaje. Un viaje donde “la lealtad es la virtud más importante”, y donde he aprendido que escribir también es una forma de rendir cuentas. Con el lector, con el país, con la conciencia.
He escrito sobre todo y sobre todos:
- Sobre ética tecnológica cuando aún no era moda. Porque la IA no puede ser el nuevo becario inmortal de las multinacionales sin rostro.
- Sobre movilidad eléctrica, desmontando bulos, mitos y alarmismos con datos, no con fe ciega.
- Sobre emergencias y seguridad, defendiendo que la tecnología tiene que estar donde más se la necesita: cuando todo tiembla.
- Sobre empresa, porque sigo creyendo que “la tecnología es la herramienta más efectiva para hacer a las empresas más competitivas”.
- Sobre emprendimiento, desde la experiencia real y no desde los discursos facilones de gurús de LinkedIn.
- Sobre cultura empresarial, meritocracia, resiliencia, liderazgo sin impostura y trabajo en equipo, porque “el ser humano da su verdadera medida cuando trabaja en grupo”.
- Y también, cómo no, sobre el alma de las cosas: las películas que me marcaron, las canciones que me tocaron y los valores que me definen.
He compartido mis heridas, mis errores, mis ideas, mis dudas y mis certezas. He escrito para pensar, para enseñar, para provocar, para construir comunidad, para defender la verdad aunque incomode.
He dicho muchas veces que “vamos a intentar aprender algo”, porque yo soy el primero que aprende al escribir. Y porque este oficio de juntar palabras tiene algo de fragua. Como mi abuelo Paco, el ferreiro, que curvaba el hierro al rojo vivo, yo intento moldear ideas con la misma fuerza. Que no es la del músculo, sino la de la convicción.
Y lo más hermoso de estos diez años ha sido comprobar que no he estado solo. Que muchos habéis leído, comentado, compartido, criticado y, sobre todo, acompañado.
Gracias a quienes me leéis con lealtad. A quienes me dais un like con sentido. A quienes no siempre estáis de acuerdo conmigo, pero me respetáis.
Hoy peso menos de la mitad que cuando empecé a escribir, pero siento el doble de responsabilidad. Porque el peso que importa ahora es el de las palabras, y ese no se aligera con ayuno ni con ejercicio. Se cultiva. Se afina. Se cuida.
Por eso, mientras tenga ideas, datos y algo de alma, seguiré escribiendo. Porque el futuro no se contempla. Se escribe.
Y si puedo terminar con una confesión personal… escribir me ha hecho mejor persona. Me ha obligado a dudar de mis certezas, a argumentar lo que pienso y a defender aquello en lo que creo. Me ha permitido tocar muchas mentes y, espero, algún que otro corazón.
Gracias por acompañarme. Gracias por leerme. Y gracias, sobre todo, por enseñarme tanto.
¡Se me tecnologizan!
