Una empresa pequeña no es un objetivo. Es una fase. Un punto de partida. Un estado temporal. El problema es cuando esa fase se convierte en destino final.
El caso de Diego González Rivas no es solo el de un talento excepcional, sino el reflejo de un problema estructural.
España presume de grandes cifras empresariales mientras ignora la paradoja que esconden: confundir facturación con mérito y tamaño con creación de valor.
Carlos Alcaraz compite. Los demás, muchos, gestionan excusas. Y el mundo, que no es tonto, lo nota.
España lleva un tiempo funcionando como si fuese una práctica de laboratorio mal supervisada.
España es un país extraordinario habitado, demasiadas veces, por gente que ha renunciado a serlo.
La realidad es que Hispanoamérica no fue una colonia: fue una prolongación de España. La mayor empresa civilizadora de la historia humana.
En España tenemos una habilidad innata para disfrazar la realidad. Somos campeones del postureo, maestros de la apariencia, especialistas en decir una cosa mientras pensamos la contraria.
La tesis central de la autora parece ser que Feijóo ha fracasado como líder de la oposición y que el PP no es una alternativa creíble al actual gobierno de Sánchez.
un directivo de IBM dijo algo que, aunque sencillo, resume una de las principales diferencias entre Europa y Estados Unidos: «en Europa no dejáis a los niños subirse a los árboles».
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