Transporte
Oti, camionera de profesión

Oti Cabadas, una vida al volante…

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre el homenaje que le hace el autor a Oti Cabadas, publicado el 1 de noviembre de 2025.

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Hoy escribo desde un lugar distinto. Desde la tristeza. Desde el respeto. Y desde una profunda admiración por una mujer que encarnó lo que muchas veces decimos en este blog sobre la dignidad de los que mantienen vivo el pulso económico del país: los camioneros.

Y permitidme empezar por una verdad que repito siempre: el transporte es el eslabón más débil de la cadena de suministro… y, sin embargo, es el que más sostiene.

Una vida al volante. Una sonrisa en la profesión.

Oti Cabadas —Coco Trucker Girl para cientos de miles de personas en redes— recorrió miles de kilómetros llevando mercancías, pero también llevaron lejos su influencia, su sonrisa y su coraje.

Ella demostró, sin discursos ni pancartas, que la carretera también es un lugar para las mujeres que pisan fuerte. Que en un mundo donde aún quedan prejuicios, la mejor respuesta es hacer el trabajo mejor que nadie.

Como ya he escrito antes en este blog:

«En la carretera no hay banderas ideológicas: solo personas que empujan el país hacia adelante».

Eso hacía ella. Todos los días.

Las redes: un camión de esperanza

Lo suyo comenzó como un juego, como una forma de compartir sus rutas… y terminó siendo altavoz de una profesión. Una profesión injustamente ignorada, cuando no despreciada.

He defendido muchas veces —y lo seguiré haciendo— que sin camioneros, este país se para. Lo dije cuando hablé del sector, de su estrés, de su precariedad y del abandono institucional:

«Ningún conductor debería sentirse invisible mientras mueve la economía de un país entero».

Oti lo hacía visible de una forma luminosa. Con sus “viernes de morrete rojo”, con su cercanía, con su sentido del humor cuando tocaban horas eternas o descanso en cualquier arcén del mapa.

Ella puso rostro a los que siempre cargan con todo.

La cadena que no se rompe… aunque la rompan

Si algo he denunciado una y otra vez —y lo volveré a hacer aquí— es la gran injusticia estructural del sector del transporte:

  • Pagan más seguros.
  • Pagan más combustible.
  • Pagan peajes.
  • Pagan retrasos ajenos.
  • Pagan errores que no son suyos.

Y cuando llega la factura final… siguen pagando.

Como escribí hace meses: «El riesgo del empresario del transporte no se entiende desde un despacho. Se entiende en la cabina.»

Oti sabía bien lo que costaba cada kilómetro. Y aun así sonreía al volante. Eso la convierte en heroína de verdad.

Un paseo eterno

La vida es ese tiempo que pasa… hasta que te mueres. Y a veces pasa demasiado deprisa, demasiado pronto y demasiado injusto.

Oti tenía que venir al podcast Tecnologizarse o Morir para contar su historia. Hablar de rutas, de tecnología, de hacia dónde va el sector.

No llegará a sentarse con nosotros delante de los micros. Pero su mensaje ya está grabado en la cabeza de todos: — Lucha por lo que amas.Sonríe en las curvas.Y tira hacia delante.

Oti: que allá donde estés, el horizonte sea ancho y el atardecer siempre te acompañe.

Nosotros seguiremos defendiendo a los tuyos. A los que no salen en las fotos de los políticos. A los que entregan todo para que el mundo funcione.

Porque, como he dicho muchas veces:

«La logística no es magia: es sacrificio humano.»

Gracias, compañera de carretera. Tu huella seguirá en el asfalto.

¡Se me tecnologizan!

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