La falta de mantenimiento también mata.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre como la falta de mantenimiento nos puede matar y la importancia de la seguridad y prevención, publicado el 25 de enero de 2026.
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
La frase es incómoda, pero cierta: la falta de mantenimiento puede matar. No es una exageración ni un recurso literario. Es una realidad técnica, operativa y estadística. Y además es transversal. Da igual que hablemos de un motor, de un sistema eléctrico, de una red de comunicaciones, de una infraestructura crítica… o del propio cuerpo humano.
Todo sistema, absolutamente todo, se degrada. Siempre. La única variable real es la velocidad a la que lo hace y si alguien está mirando o no.
Los tres tipos de mantenimiento: las capas que separan la normalidad del desastre
Desde un punto de vista técnico existen tres tipos de mantenimiento aplicables a cualquier sistema complejo. No son conceptos teóricos. Son capas de defensa. Cuando una falla, todavía quedan las otras. Cuando fallan las tres, lo que ocurre no es una avería: es un accidente.
Mantenimiento preventivo Es el más barato y el más ignorado. Revisar, ajustar, sustituir antes de que algo falle. Cambiar una pieza cuando aún funciona. Parar un sistema a tiempo. Aquí no hay heroísmo, solo método y disciplina. El problema es que el preventivo no luce, no sale en la foto y no da titulares. Pero salva vidas.
Mantenimiento correctivo Llega cuando ya se ha roto algo. Es necesario, claro, pero siempre llega tarde. Actúa sobre el daño, no sobre la causa. Es el mantenimiento del “ya que estamos”. En sistemas críticos, muchas veces ese “ya” es demasiado tarde.
Mantenimiento predictivo El gran olvidado. El que usa datos, histórico de fallos, patrones de uso, sensores, análisis estadístico. El que no espera a que algo se rompa, sino que calcula cuándo es más probable que lo haga. En medicina lo entendemos perfectamente: analíticas, genética, factores de riesgo. En tecnología y seguridad, curiosamente, todavía hay quien lo ve como un gasto superfluo.
Vamos a intentar aprender algo: la seguridad no se improvisa, se diseña.
Cuando la responsabilidad se toma en serio
Hace años, un concejal de seguridad de un ayuntamiento gallego se puso en contacto conmigo. Había visto que yo había diseñado la ingeniería y el concepto operativo de un PMA (Puesto de Mando Avanzado). Ese mismo año, durante la fiesta más importante de la ciudad, habían muerto varias personas por agresiones y ahogamientos. El golpe fue durísimo.
La pregunta fue directa y honesta: ¿Podemos montar un operativo de vigilancia serio usando videovigilancia convencional y térmica, teniendo en cuenta que el evento es diurno y nocturno?
La respuesta también fue directa: sí, se puede. Pero no es solo poner cámaras.
Un PMA no es una carpa con pantallas. Es un sistema completo:
- Integración de sensores
- Procedimientos claros
- Cadena de mando definida
- Comunicaciones redundantes
- Personal formado
Videovigilancia visible para disuadir, térmica para detectar patrones anómalos, análisis en tiempo real y capacidad de intervención rápida. Prevención pura y dura.
Lo importante fue otra cosa: el concejal, el jefe de seguridad y el jefe de la Policía Local eran plenamente conscientes de su responsabilidad real. Sabían que de sus decisiones dependían vidas humanas. No hablaban de cumplir expediente, hablaban de reducir riesgos.
Desde la implantación de ese servicio:
- No ha fallecido nadie en ese evento
- Los índices de criminalidad y de incidentes graves se redujeron más de un 50%
Eso no es casualidad. Eso se llama previsión y disuasión.
El accidente no suele ser una sorpresa
No sé qué ocurrió exactamente en el accidente de Adamuz. No lo sé y no voy a pontificar. Pero sí sé algo: es perfectamente posible que fallaran las tres capas. Preventiva, correctiva y predictiva. Y cuando eso ocurre, el resultado suele ser trágico.
La mayoría de los accidentes graves no son cisnes negros. Son fallos anunciados. Avisos ignorados. Revisiones aplazadas. Informes que nadie leyó. Sensores que no se instalaron porque “nunca pasa nada”.
Y siempre pasa. Solo que no avisa dos veces.
Conclusión operativa
El mantenimiento no es una opción. Es una obligación moral, técnica y operativa.
En máquinas. En infraestructuras. En sistemas de seguridad. Y en nosotros mismos.
Quien no mantiene, apuesta. Y cuando se apuesta con sistemas críticos, las probabilidades siempre juegan en contra.
¡Se me tecnologizan!
