El bestiario de la mediocracia.
Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre los hayques, esques, mercaos y pudres, el bestiario empresarial de José Antonio, publicado el 28 de agosto de 2026.
Los Hayques, los Esques, los Mencaos y los Pudres; mi particular bestiario empresarial, especies que abundan y habitan las empresas..
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Llevo treinta años dando vueltas por empresas de todos los tamaños, y en ese tiempo he aprendido más de las personas que de los balances. Así que hoy, en vez de hablaros de KPIs, os presento mi particular bestiario empresarial. Porque toda oficina, taller o fábrica, por pequeña que sea, tiene su fauna. Y conocerla es el primer paso para no acabar devorado por ella.
Empecemos por los Hayques. Los reconoceréis enseguida: son los que en cada reunión sueltan un «hay que digitalizar esto», «hay que automatizar lo otro», «hay que meterle inteligencia artificial a aquello». Lo dicen con una convicción envidiable. El problema es que ahí se queda todo, en el «hay que». El Hayque es puro relato sin ejecución, y ya sabéis mi máxima: el dato mata al relato. Si el «hay que» no lleva fecha, presupuesto y responsable, no es una estrategia, es ruido de pasillo.
Después están los Esques. Primos hermanos de los Hayques, pero con la excusa siempre lista. «Es que no tenemos presupuesto». «Es que el mercado no está para eso». «Es que mi equipo no está preparado». El Esque ha convertido la excusa en un estilo de vida, en una filosofía casi. Y aquí os dejo un dato que no falla: la tecnología nunca ha sido un gasto, es una inversión. Lo que pasa es que al Esque le da pereza medirla, y lo que no se mide, no se controla.
Por suerte, en ese mismo bestiario conviven los Mencaos: los que dicen «me encargo» y, efectivamente, se encargan. Sin dramas, sin excusas, sin discursos. Ejecutan. Si alguna vez montáis equipo, buscad Mencaos como quien busca oro. Son la prueba viviente de que la meritocracia no es una teoría de despacho, es una forma de trabajar que se nota en los resultados, no en las palabras.
Y luego, el capítulo más delicado: los Pudres. Esos que no destacan por hacer poco, sino por deteriorar lo que otros construyen. Critican sin proponer, minan la confianza del equipo y confunden lealtad con sumisión cuando, en realidad, no tienen ninguna de las dos cosas. Un Pudre cuesta más caro que una mala inversión tecnológica y, sin embargo, hay empresas que los mantienen años por miedo al conflicto. Ahí no hay melasudismo que valga: hay que actuar, con datos y sin relato.
Ahora bien, ¿por qué os cuento todo esto disfrazado de fábula? Porque la digitalización de una empresa no depende solo del ERP que compréis o del CRM que integréis. Depende de si vuestro equipo está lleno de Hayques y Esques, o de Mencaos dispuestos a tecnologizarse de verdad. La tecnolujuria que a mí me caracteriza no sirve de nada si alrededor solo hay gente esperando a que «hay que» se convierta solo en otro «hay que».
Mi consejo, si me lo permitís: haced inventario. No de servidores ni de licencias, sino de personas. Identificad a vuestros Mencaos y dadles más responsabilidad. Detectad a vuestros Pudres y actuad con la misma frialdad con la que analizaríais una tabla de rentabilidad. Y a los Hayques y Esques, dadles una última oportunidad con un plazo, una cifra y una revisión.
Porque al final, en esto de competir, no hay atajos: solo esfuerzo, ahorro, disciplina y datos. Tecnologizarse o morir no es una frase bonita para cerrar un LinkedIn. Es la diferencia entre las empresas que en cinco años seguirán aquí y las que serán un caso de estudio de por qué no lo hicieron.
¡Se me tecnologizan!
