Desarrollo
Newton

España, un experimento de Newton que nadie pedía.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre cómo está funcionando España últimamente, publicado el 11 de diciembre de 2025.

España vive atrapada en un choque constante de fuerzas políticas que cancelan cualquier avance real. Entre reacciones impulsivas, ruido mediático y polarización, la energía se convierte en calor inútil. Ha llegado el momento de cambiar la fricción por dirección y el impulso por disciplina.

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

España lleva un tiempo funcionando como si fuese una práctica de laboratorio mal supervisada. Todo se basa en empujar y devolver el empujón. Acción, reacción. Y así, claro, no se mueve nada. Mucho desgaste, poco avance. La física te lo dice sin rodeos: dos fuerzas opuestas y del mismo tamaño solo sirven para quedarse clavados en el sitio.

Ese es el clima político. Una medida improvisada, cargada de ideología y sin rigor práctico. Acto seguido, la respuesta airada, no por su contenido sino por la necesidad de golpear en la misma escala. Después, el ruido mediático y el espectáculo en redes, que amplifican la fricción hasta convertir cualquier detalle en una batalla cósmica. Con ese ecosistema, pretender productividad es como esperar que un motor funcione alimentándolo con arena.

Vamos a intentar aprender algo. Un país no puede sostenerse reaccionando todo el tiempo. Reaccionar es fácil; construir, proponer, sostener… eso ya exige trabajo de verdad. Y ahí solemos flaquear. Cuando España ha avanzado ha sido por acción sostenida, no por estos choques teatrales que tanto gustan a quienes no pagan las facturas del progreso.

La polarización tiene un efecto curioso: da la sensación de que hay energía. En realidad solo hay calor. No se genera trabajo útil. No se mueve ni un tornillo. Y mientras discutimos por bandos, la burocracia se cuela por debajo de la mesa, consolidando su poder con la comodidad de quien sabe que nadie está prestando atención. Ese sí que es un principio físico castizo: todo vacío de liderazgo acaba ocupado por un funcionario con un formulario nuevo.

Lo más llamativo es que esta dinámica satisface a casi todos los actores menos al ciudadano que madruga. Al Gobierno, porque le permite distraer. A la oposición, porque le evita proponer seriamente. A los medios, porque el conflicto vende. Y a buena parte de la población, porque indignarse es más barato que responsabilizarse. Pero España no saldrá de su letargo hasta que sustituya el impulso reactivo por una dirección coherente: industria fuerte, libertad económica, trabajo bien hecho.

Ahí está la clave. No hace falta épica. Hace falta disciplina. Cuanto mejor se entrena un país, más suerte tiene. Las colectividades funcionan como las personas: si dedicas la energía a responder en vez de actuar, te encuentras en el mismo punto año tras año. No es magia negra. Es física aplicada al día a día.

Si España aspirara a mover la aguja —no a mantener el debate encendido— veríamos otra cosa. Medidas útiles en lugar de gestos. Reformas en lugar de titulares. Y una ciudadanía más ocupada en aprovechar las oportunidades que en perseguir culpables de quita y pon. En fin, quizá llegue el día en que dejemos de comportarnos como partículas en choque permanente para convertirnos en algo más parecido a un sistema que avanza.

La física, por lo menos, ya nos ha explicado qué estamos haciendo mal.

¡Se me tecnologizan!

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