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Los todólogos, plaga del sigo XXI

Los todólogos: la nueva plaga del siglo XXI.

Artículo original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la plaga del sigo XXI, los todólogos, publicado el 23 de octubre de 2025.

El todólogo no escucha, pontifica. No aprende, corrige. No construye, opina. Y su arrogancia es directamente proporcional a su desconocimiento. No, amigo todólogo, no eres experto porque viste tres vídeos en TikTok.

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Vivimos rodeados de todólogos. Esa especie en expansión que opina de todo —sin saber de nada— y que campa a sus anchas por redes sociales, tertulias y sobremesas. El todólogo no necesita datos, ni formación, ni experiencia. Solo le hace falta un móvil con conexión a internet y una seguridad en sí mismo que rozaría lo admirable… si no fuera patológica.

Su hábitat natural es el comentario fácil y el titular sin contexto. Si hablas de inteligencia artificial, él te dirá cómo debería funcionar. Si mencionas economía, te soltará una clase de macro basada en lo que escuchó en un podcast. Y si le enseñas un dron, te explicará —sin rubor— cómo mejorarlo, aunque no sepa distinguir un rotor de una tostadora.

Lo peor no es su ignorancia, sino su convicción. Es el ejemplo vivo del efecto Dunning-Kruger, ese fenómeno psicológico por el cual los más incompetentes se creen más listos que nadie. Lo decía el propio Dunning: “El problema del mundo moderno es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes llenos de dudas”.

El todólogo no escucha, pontifica. No aprende, corrige. No construye, opina. Y su arrogancia es directamente proporcional a su desconocimiento. Lo verás pontificando sobre política, medicina, ingeniería, geoestrategia o neurociencia, todo en el mismo párrafo, todo con la misma chulería. Y lo más grave: muchos lo aplauden, porque vivimos en la era donde la opinión ha desplazado al conocimiento.

El resultado: una sociedad ruidosa, empachada de discursos vacíos y con alergia al dato. Una mediocracia digital donde el que grita más parece tener razón. Y mientras tanto, los que de verdad saben —los que se preparan, los que leen, los que se equivocan y aprenden— son tachados de pedantes.

No, amigo todólogo, no eres experto porque viste tres vídeos en TikTok. Ni tecnólogo por usar ChatGPT. Ni economista porque invertiste en criptos. Saber no es opinar: es entender, contrastar, y callar cuando toca.

Así que la próxima vez que uno de estos especímenes te interrumpa con un “yo de eso sé mucho”, mírale a los ojos y piensa: otro infectado del Dunning-Kruger.

Y sigue a lo tuyo, que en este país ya hay demasiada gente hablando y muy poca escuchando.

¡Se me tecnologizan!

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