Cuando un pequeño empresario comienza a tener un cierto grado de éxito, en muchos casos, su cabeza, le hace elucubrar nuevos negocios potenciales en sectores que desconoce y sobre todo se salen de su ‘corebusiness’.
España aparece en los últimos puestos en algo que hace que los países tiren fuertemente para delante: se trata del nivel de tecnologización que poseen las empresas, y esto es una cuestión de competitividad. ¿Qué repercusiones tiene esa escasa apuesta por la tecnología?
Otro tema bien diferente es el de aprender a ser empresario, en esto no hay universidades ni escuelas técnicas, ni formación profesional que valga. El empresario nace, crece y se reproduce a pecho descubierto, con la empírica como fuente de sabiduría.
La competitividad es la capacidad de adaptación a las dinámicas sociales y del sector, ahí reside la diferencia que marcará la vida de una empresa: o crea su ventaja competitiva o desaparece. La tecnología actúa como antídoto contra la defunción empresarial.
Con más de 2.300 empresas mostrando todo tipo de soluciones tecnológicas, la experiencia de estar en el Mobile World Congress fue increíble y donde la inteligencia artificial tuvo un papel destacado.




