Por mi propia experiencia empresarial puedo afirmar que un mal endémico que nos persigue en Galicia es considerar a las empresas que vienen superiores en cuanto a calidad e infravalorar aquellos productos y servicios que nos ofrecen empresas gallegas.
La competitividad es la capacidad de adaptación a las dinámicas sociales y del sector, ahí reside la diferencia que marcará la vida de una empresa: o crea su ventaja competitiva o desaparece. La tecnología actúa como antídoto contra la defunción empresarial.
La solución tecnológica que cubre las necesidades de nuestro negocio es siempre la adecuada y se traduce en optimización y rentabilidad empresarial. Sin embargo, mucha gente se deja llevar por lo que suelo llamar «tecnolujuría».
En la actualidad las empresas necesitan colaboradores con los conocimientos que solo aporta la experiencia, con capacidad para separar el grano de la paja y jerarquizar sus responsabilidades.
Utilizar recursos en el mundo de la empresa no es una garantía para el éxito si no existe un férreo control organizativo de los mismos. Hacen falta muchas virtudes para iniciar y sobre todo mantener un proyecto.

