Lo que hay detrás del comunicado de Sargadelos no es un simple cruce de titulares ni una pataleta empresarial.
España es un país extraordinario habitado, demasiadas veces, por gente que ha renunciado a serlo.
Esa Venezuela de oportunidades se diluyó en un modelo populista y socialista que convirtió la riqueza en miseria, la esperanza en huida, y el talento en exiliado.
Derya Unutmaz, inmunólogo y experto en longevidad, quien coquetea con la posibilidad de retrasar la muerte de forma indefinida.
Vivimos rodeados de todólogos. Esa especie en expansión que opina de todo —sin saber de nada— y que campa a sus anchas por redes sociales, tertulias y sobremesas.
La muerte no es solo un final biológico; es el espejo que nos obliga a preguntarnos qué demonios estamos haciendo con nuestra existencia.
Soy prepper y lo confieso sin rodeos. Para algunos puede sonar paranoico; para mí, es disciplina.
La realidad es que Hispanoamérica no fue una colonia: fue una prolongación de España. La mayor empresa civilizadora de la historia humana.
En España tenemos una habilidad innata para disfrazar la realidad. Somos campeones del postureo, maestros de la apariencia, especialistas en decir una cosa mientras pensamos la contraria.
Cada verano arde Galicia y buena parte de España. No es casualidad ni mala suerte: es dejadez, falta de medios y una gestión que siempre llega tarde. El monte no es solo paisaje: es vida, economía e identidad.









