El melasudismo no es una pose ni una boutade simpática para redes sociales. Es una actitud profundamente adulta ante la vida.
Venezuela no atraviesa una crisis coyuntural, sino una fractura profunda de sus bases económicas y sociales.
Aprendimos que quien no se cuida acaba siendo una carga, aunque se disfrace de sacrificio.
Maquiavelo dejó muchas frases incómodas. La del ciego que, cuando recupera la vista, tira el bastón que le ayudó durante años, es una de ellas.
Los “deberías” generan culpa, frustración y relaciones tóxicas al exigirnos a nosotros, a los demás y al mundo cumplir fantasías irreales.
Lo que hay detrás del comunicado de Sargadelos no es un simple cruce de titulares ni una pataleta empresarial.
España es un país extraordinario habitado, demasiadas veces, por gente que ha renunciado a serlo.
Esa Venezuela de oportunidades se diluyó en un modelo populista y socialista que convirtió la riqueza en miseria, la esperanza en huida, y el talento en exiliado.
Derya Unutmaz, inmunólogo y experto en longevidad, quien coquetea con la posibilidad de retrasar la muerte de forma indefinida.
Vivimos rodeados de todólogos. Esa especie en expansión que opina de todo —sin saber de nada— y que campa a sus anchas por redes sociales, tertulias y sobremesas.









