La puntualidad no es una virtud menor. Se tiende a pensar que ser puntual es una manía de gente rígida, de los que llegan diez minutos antes.
“Las personas ricas compran tiempo, las personas pobres compran cosas, las personas ambiciosas compran habilidades y conocimientos, y las personas perezosas compran distracciones”.
Los “años perro” muestran que una vida humana es “ridículamente corta” si perdemos tiempo en burocracia y trabajos sin propósito.
El tiempo pasa y se va, sin pedir permiso y sin dar explicaciones. ¿No es acaso el tiempo el gran domador, el invisible jinete que nos arrea con el látigo de los días, las horas y los minutos?
¿Controlas tu tiempo o el tiempo te controla a ti? Una pregunta incómoda… pero necesaria.