El efecto Smeagol junto con en el efecto «Campana», muy habitual en los dictadores que nos ha dado la historia, y que también ostentan generalmente los directivos de esas compañías producen un efecto letal.
Competir es muy difícil. Competir en diferenciación puede ser posible. Ahora bien, cuando se trata de competir en volumen, la cosa adquiere un cariz muy diferente.