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Selección española de fútbol lo que podemos aprender de ellos

Y si los españoles fuéramos como la selección de fútbol…

Relato original de José Antonio Ferreira Dapía, sobre la selección española, el ejemplo que ha dado de unidad y trabajo en equipo, y cómo nunca dejó de creer en quienes eran, publicado el 19 de julio de 2026.

¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?

Este domingo España juega la final del Mundial. Y no me da vergüenza decirlo: llevo toda la semana enganchado, no solo como aficionado, sino como empresario que no puede dejar de sacar lecciones de todo lo que ve. Porque lo que está haciendo esta selección no es fútbol. Es un caso de estudio de gestión de equipos que cualquier empresa española debería estudiar con lupa.

Vamos con el dato, que para eso el dato mata al relato: Luis de la Fuente lleva desde diciembre de 2022 al frente de la absoluta y no ha disputado un solo torneo que no haya acabado en la final. Nations League 2023: campeón. Eurocopa 2024: campeón. Nations League 2025: subcampeón. Mundial 2026: finalista, y con opciones reales de ganarlo este domingo. Cuatro torneos, cuatro finales. Eso no es suerte. Eso es sistema.

Y aquí viene lo interesante para los que dirigimos empresas, negocios, autónomos, lo que sea: De la Fuente no llegó de fuera con un currículum de estrella mediática. Llevaba trabajando en la Federación desde 2013, subiendo escalones: Sub19, Sub21, olímpica. Formó a los jugadores que ahora ganan títulos —Rodri, Oyarzabal, Dani Olmo, Fabián Ruiz, Unai Simón— antes de que fueran nadie. No fichó estrellas ya hechas. Las hizo crecer dentro del sistema. Eso, en el mundo de la empresa, se llama invertir en talento a largo plazo, y aquí casi nadie lo hace porque quema en el corto plazo y no sale en la foto.

Fíjense en la semifinal contra Francia: 2-0, con gol de Mikel Oyarzabal de penalti y de Pedro Porro en el minuto 58. ¿Saben qué no hay en esa selección? Un Cristiano Ronaldo. Un Messi. Una figura por encima del proyecto a la que todo el equipo tenga que subordinarse. Hay un sistema donde el que mejor está ese día juega, y el que no, se sienta y aplaude. Once contra once, no uno más diez cómplices.

Y esto me lleva a lo que llevo años repitiendo por aquí: la diferencia entre meritocracia y mediocracia. En la meritocracia juega el mejor preparado, no el que tiene más enchufe, más antigüedad o más photocall. En la mediocracia el liderazgo dura mientras no incomode a nadie. De la Fuente lleva desde 2024 siendo, según la IFFHS, el mejor entrenador del planeta —por delante de Scaloni y Deschamps— y sigue hablando con la misma humildad de siempre: «Todavía queremos seguir haciendo mejor las cosas». Ni un titular grandilocuente. Puro trabajo.

En la empresa española nos pasa justo lo contrario casi siempre: fichamos al «crack» de fuera pagando una fortuna, montamos un organigrama con un ego encima de otro, y luego nos extraña que el equipo no rinda. La Roja lleva 37 partidos sin perder —un récord que puede superar el de Italia este mismo domingo— sin depender de ningún nombre propio. Depende de un plan, de una dirección y de gente que sabe exactamente cuál es su función dentro de él.

Si España, como país, funcionara con la misma lógica que esta selección —objetivo claro, dirección seria y honesta, mérito por encima de la vitola, y cero tolerancia con el que no rema— otro gallo nos cantaría. No hace falta ni una revolución. Hace falta un De la Fuente al frente de cada equipo, cada empresa, cada administración. Alguien que no busque la foto, que construya desde abajo, y que mida resultados en títulos, no en discursos.

Vamos a intentar aprender algo: gane o pierda España el domingo, el modelo ya ha ganado. Cuatro finales en cuatro torneos no las regala nadie. Eso se construye. Y en las empresas, exactamente igual.

¡Se me tecnologizan!

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