Porque la historia de Amancio Ortega no se entiende sin Galicia. Y, más concretamente, sin A Coruña.
Soy un hombre hecho a mí mismo. Así, sin anestesia. En inglés suena más elegante, “self made man”, pero ya te digo yo que no hay nada elegante en el proceso.
El tiempo pasa y se va, sin pedir permiso y sin dar explicaciones. ¿No es acaso el tiempo el gran domador, el invisible jinete que nos arrea con el látigo de los días, las horas y los minutos?