Decir que “yo no soy egoísta” es como decir que no necesito respirar. Todos tenemos egoísmo en algún grado, grabado a fuego en nuestra genética.
Estos comportamientos, que involucran manipulación y falta de empatía, no solo erosionan las relaciones laborales, sino que comprometen el bienestar de los empleados y la estabilidad de la organización.

