Cada acrónimo era una pequeña obra de arte, fruto de la imaginación desbordante de la infancia, donde cada letra escondía una historia, una anécdota, un pedazo de nuestra vida cotidiana.
Cada acrónimo era una pequeña obra de arte, fruto de la imaginación desbordante de la infancia, donde cada letra escondía una historia, una anécdota, un pedazo de nuestra vida cotidiana.